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Shalom amigos:
Monte Carmelo: el monte siempre verde, una fuente de vida y belleza, un lugar de milagros bíblicos.
Janucá: la festividad de la luz, una historia de valor y creencias, la celebración de un milagro.
Este año vimos con horror a nuestra montaña milagrosa en llamas durante nuestra festividad milagrosa. Observamos cómo murieron 43 personas mientras intentaban rescatar a otros del fuego. Presenciamos cómo se quemaron 50,000 dunams (más de 12,000 acres) de bosques hermosos que contenían 5 millones de árboles. Nos imaginamos con tristeza qué le ocurrió a todos los animales y criaturas que habitaban ese espacio natural. Contemplamos a los bravos trabajadores del Chai-Bar, un centro de crianza y aclimatación para animales en peligro de extinción, luchar contra el fuego para rescatarlos.

Más de 17.000 personas fueron evacuadas y tuvieron que abandonar sus hogares, sus resguardos. Muchos asentamientos sufrieron el fuego tales como Kibbutz Beyt Oren; Eyn Hod, la villa del artista y Yemin Orde, la villa del joven, por nombrar tan solo algunos.
Un invierno sin lluvias, que dejó secos tanto a los árboles como a la tierra, combinado con vientos fuertes hicieron inútiles los intentos por extinguir los incendios. Israel necesitó ayuda y el mundo la prestó. Muchos países enviaron asistencia tal como aviones y helicópteros extintores, camiones cisternas, expertos en fuegos y bomberos. Estamos muy agradecidos por la heroica ayuda recibida de Azerbaiján, Canadá, Croacia, Chipre, Bulgaria, Egipto, Francia, Alemania, Grecia, Holanda, Italia, Jordania, las autoridades nacionales de Palestina, Rumania, Rusia, España, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos. Más allá de la ayuda física, nos aportaron un sentimiento de apoyo que fue muy importante durante esos cuatro días de incendio.
Cuando tantas naciones trabajan mancomunadas para salvar vidas, árboles y animales ¡esto es un milagro! La tradición judía nos dice que no debemos confiar en los milagros; debemos apreciarlos cuando suceden.
Lloramos el pesar de las familias que perdieron a sus seres queridos en el incendio; nos lamentamos por los animales y los árboles. Le insumirá décadas a la montaña revivir. Como a nosotros, le tomará un tiempo de lamentos, un tiempo para estar sola, sanar y recrear su belleza y vitalidad.
לְהִתְרָאוֹת,
Lehitra’ot,
¡Hasta pronto!
שִׁירָה כֹּהֵן-רֶגֶב
Shira Cohen-Regev
El equipo eTeacherHebrew
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